miércoles, 24 de octubre de 2012

La generación «sí-sí» existe


Sepa como motivar a sus hijos adolescentes a sacar el máximo provecho de su juventud y dar carpetazo a la generación «ni-ni»

Día 21/10/2012 



















La mayoría de los padres ven la adolescencia con miedo. Creen que es una etapa que hay que temer, sufrir y esperar a que pase. «Pero están equivocados —afirma Fernando Alberca, experto en Educación—. Deben verla con una actitud positiva porque es una etapa de la vida que ofrece grandes oportunidades y donde los padres tienen un papel importantísimo para sacar lo mejor de sus hijos. He aquí la clave».
Existe una tendencia excesiva a hablar de los jóvenes como una generación desorientada, que lo único que piensa es en divertirse, en el botellón... en ni estudiar ni trabajar (la conocida generación ni-ni). Perono se puede meter a todos en el mismo saco. Según Alberca, cuando un joven, por ejemplo, consume acohol lo hace fundamentalmente para llamar la atención porque necesita sentirse más reconocido y atendido. «No basta con que los padres le digan que le quieren un montón. Lo importante es que él se sienta querido. Y muchos padres, a esta perspectiva, no le prestan atención».

La juventud se caracteriza por el entusiasmo y las ganas de experimentar

David Pulido, psicólogo clínico del gabinete Álava Reyes, añade que por su consulta pasan muchos adolescentes que le confiesan que sus padres «solo se preocupan de la seguridad —que llegue pronto a casa, no me meta en líos...— y de los estudios». Aseguran que no les preguntan qué tal les va con sus amigos, qué piensa de una u otra noticia, qué sienten ante determinadas circunstancias... «La apatía o el pasotismo no son inherentes a la juventud, que más bien se caracteriza por el entusiasmo, la novedad, las emociones y las ganas de experimentar. Si un joven se muestra desencantado es producto de la situación, educación y valores que ha recibido de su familia».
En opinión de María Franco, fundadora de la Fundación «Lo que de verdad importa» (Lqdvi), los medios de comunicación tienen mucha culpa de mostrar una imagen nefasta de la juventud. «Imagen que se contagia y que hace creer a la sociedad que solo se interesan por la tele, el ordenador o el botellón».
Asegura que desde que fundó Lqdvi se ha dado cuenta de que los jóvenes españoles tienen un gran entusiasmo. Esta organización celebra cada año ocho congresos por toda España, a los que acuden como ponentes personalidades de referencia que les hablan de valores, «no para soltarles un sermón, sino para explicarles cómo la aplicación del esfuerzo, el tesón, el emprendimiento... les han servido». A cada congreso acuden dos mil jóvenes, y tienen listas de espera de hasta cinco mil.
«Es una muestra clara de que tienen gran entusiasmo por hacer las cosas bien y seguir el ejemplo de otras personas que han conseguido grandes logros. Lo que ocurre —matiza María Franco— es que necesitan que los mayores les demos alternativas y les hagamos más caso. Los padres deben plantearse cuestiones como: ¿hablo lo suficiente con ellos?, ¿participo en sus iniciativas?, ¿les planteo planes más allá de ir al cine...?, ¿los hacemos juntos?... Con solo responder a estas cuestiones, seguro que los padres descubren que sus hijos tienen muchas carencias. Por este motivo, el dedo que señala a la denominada generación ni-ni (ni estudian ni trabajan) se vuelve hacia nosotros. No todo es culpa de nuestros hijos».

Búsqueda de alternativas

Pero las alternativas no se pueden dar a la ligera. Hay que ajustarse a las características del joven. El psicólogo clínico David Pulido asegura, no obstante, que si los padres plantean a sus hijos actividades para que las realicen en su único tiempo de ocio, no las realizarán. Lo mismo ocurrirá si se trata de actividades que les van a suponer un esfuerzo a largo plazo, como aprender un idioma o a tocar el piano. «Debe ser una alternativa que sustituya a otra que les guste menos para que se sientan motivados e integrados. Tampoco hay que olvidar —recalca Pulido— que los padres deben reconocerles su esfuerzo. En consulta les pregunto por cosas buenas de sus hijos y la respuesta suele ser: está en cuarto de Primaria, juega bien al fútbol... Pero no valoran tanto que detrás de todo eso está su esfuerzo, dedicación, talento...».
Para lograr motivarles, Alberca recomienda a los padres que empiecen por convencerles con hechos y que piensen que sus hijos son inteligentes y buenos. «Si un joven cree que es muy hábil e inteligente y está convencido de que su padre así lo considera, no se refugiará en el videojuego, porque sabrá que tiene otras muchas posibilidades de desarrollarse. Los padres que no demuestran a sus hijos que hay otros campos y que se limitan a decir "¿por qué no haces otra cosa que estar tirado en el sofá?" no tendrán hijos motivados para pasar a la acción».
Por todo ello, este experto en Educación aconseja a los progenitores que reconozcan las habilidades y aptitudes de su hijo y, sobre todo, que confíen en él, aun cuando no se lo haya merecido, porque «puede que a partir de mañana cambie».
También es muy importante estimularles y preguntar su opinión para que sientan que su versión nos importa. «Si apreciamos su opinión, valoramos su inteligencia. En definitiva, es la moneda que le permite el éxito social y se la tienen que dar los padres, y es a la que se va a agarrar porque le hará sentirse motivado».
María Franco añade que los padres debemos ser más responsables y servirles de ejemplo. «Ellos imitan lo que hay en casa. Si no ven inquietudes, preferirán estar más tiempo fuera de casa porque dentro de ella se aburren».

Pasar a la acción

Asegura que no hay que preguntarse tanto qué juventud tenemos como de qué forma ayudarla y motivarla. ¿Que con qué acciones? Hay infinidad: de voluntariado, de acompañamiento a personas mayores... Con ellas se sienten útiles y comprometidos. Lo importante es cambiar el discurso, y no decirles tanto «deja ya el ordenador» y sí «¿qué te parece si vamos a la biblioteca y miramos qué libros hay?», o alternativas siempre en concordancia con los gustos e intereses del joven.
Otra de las claves está en involucrarlo en los asuntos del hogar. Una buena manera de empezar es enseñarle las cuentas y los recibos de los gastos, de forma que se sienta integrado, al tiempo que podrá valorar el esfuerzo de lo que supone llegar a fin de mes. Fernando Alberca insiste en que los jóvenes quieren ser perfectos y, si se les anima con mensajes positivos y se sienten valorados e integrados en la estructura familiar, no tendrán tanto miedo al fracaso «porque irán sobrados de fuerzas, lo que les facilitará conseguir sus metas».

En primera persona

1 comentario:

C.S.Peinado dijo...

No son malas recomendaciones siempre y cuando los primeros afectados, estén dispuestos a cumplirlas. No debemos olvidar que los nenac@s de hoy día han vivido con gusto la indolencia de una vida sumamente regalada en muchos casos y ven ese final de ciclo cómo una amenaza a su estatus quo. Es duro el trabajo que queda para devolverlos al redil y hacerlos productivos. Si se logra, bienvenido sea.

Un saludazo.